Cada 2 de febrero, Canarias se viste de devoción para honrar a su patrona: la Virgen de la Candelaria. La fiesta, que combina fe, historia y cultura popular, tiene su epicentro en el municipio de Candelaria (Tenerife), donde miles de peregrinos llegan a pie desde todos los rincones de la isla. Pero ¿cómo nació esta tradición tan arraigada?
La leyenda cuenta que, hacia el año 1392, dos pastores guanches encontraron una imagen de la Virgen en la costa de Chimisay. Sin entender su significado, la llevaron ante el mencey de Güímar, quien la custodió en una cueva sagrada. Años después, con la llegada de los conquistadores, se identificó como la Virgen María y se convirtió en símbolo de unión entre culturas. Desde entonces, la Candelaria no solo es una figura religiosa, sino también un emblema de identidad canaria.
Hoy, la fiesta se celebra con procesiones, cantos, ofrendas florales y una peregrinación nocturna que transforma el camino en experiencia espiritual. La Basílica de Candelaria se convierte en punto de encuentro, y el ambiente mezcla recogimiento con alegría popular.
¿Quieres vivir la Candelaria como un local? Te contamos cuándo ir, qué ver, cómo moverte y qué detalles no perderte para disfrutar esta fiesta con autenticidad.
Curiosidades de la Fiesta de la Candelaria en Canarias
1. La Virgen apareció antes de la conquista y fue venerada por los guanches
Mucho antes de que los castellanos llegaran a Tenerife, los guanches ya rendían respeto a una misteriosa imagen encontrada en la playa de Chimisay. No sabían quién era, pero la consideraron un ser sagrado y protector. La guardaron en la Cueva de Achbinico, donde permaneció años como símbolo de paz entre los menceyatos. Esta mezcla de espiritualidad indígena y devoción cristiana es uno de los rasgos más singulares de la Candelaria.
2. La peregrinación nocturna es una tradición moderna… pero ya imprescindible
Aunque la devoción tiene siglos, la costumbre de caminar de noche hasta la Basílica es relativamente reciente. Se popularizó en los años 80 y hoy es uno de los momentos más emocionantes de la fiesta. Miles de personas avanzan en silencio, con linternas o móviles, creando un río de luz que serpentea por carreteras y senderos. No es solo un acto religioso: es un ritual identitario que mezcla esfuerzo, comunidad y emoción.
3. La imagen actual no es la original
La primera talla, la que veneraron los guanches, desapareció en 1826 durante un aluvión que arrasó el barranco de Chinguaro. La imagen que hoy se venera es una recreación del siglo XIX, realizada con profundo respeto por la iconografía antigua. Aun así, para los canarios, la devoción no está en la materia, sino en lo que representa: la unión entre culturas y la protección de la patrona.
4. La fiesta tiene dos fechas… y cada una tiene su propio carácter
El 2 de febrero es la celebración litúrgica, más íntima y espiritual, centrada en la Presentación de Jesús y la Purificación de María. El 15 de agosto, en cambio, es la gran fiesta popular, declarada de Interés Turístico Nacional, con representaciones históricas, bailes, música y una afluencia masiva. Muchos viajeros no lo saben, pero ambas fechas son igual de importantes para los canarios.
5. La Basílica es relativamente reciente, pero el lugar es sagrado desde hace siglos
La Basílica de Nuestra Señora de Candelaria se inauguró en 1959, pero el enclave ya era un centro espiritual desde tiempos guanches. Antes de la basílica hubo ermitas, templos y espacios de culto que se reconstruyeron varias veces tras incendios y desastres naturales. El lugar tiene una energía especial que muchos peregrinos describen como “una calma que no se explica, se siente”.
6. Los “guanches” vuelven cada año en una representación única
Cada agosto, actores locales recrean la aparición de la Virgen ante los guanches en una representación que mezcla teatro, tradición oral y orgullo identitario. Es uno de los actos más esperados, porque no es un simple espectáculo: es una forma de mantener viva la memoria indígena de Canarias, algo que pocas fiestas españolas conservan con tanta fuerza.
7. La Candelaria es una fiesta de luz… y eso tiene un sentido profundo
El nombre “Candelaria” viene de “candela”, la luz que guía y protege. En la tradición cristiana simboliza la presentación de Jesús como “luz del mundo”. En Canarias, además, se asocia a la luz que acompaña a los peregrinos en la noche, a las velas que iluminan la basílica y a la idea de que la patrona “alumbra” el camino de quienes la visitan.
Los trajes de pieles: una herencia guanche que sigue viva
En la Fiesta de la Candelaria es habitual ver a grupos vestidos con pieles, cueros y elementos pastoriles que recuerdan a los antiguos habitantes de Tenerife: los guanches. No es un disfraz improvisado ni un simple guiño folclórico. Es una forma de mantener viva la memoria de un pueblo que veneró a la imagen de la Virgen mucho antes de que se identificara como tal.
Estos atuendos evocan la vida pastoril de los menceyatos: pieles curtidas, zurrones, tambores, bastones y adornos que remiten a un mundo prehispánico profundamente ligado a la naturaleza. Para muchos canarios, esta presencia es una manera de honrar sus raíces y de recordar que la devoción a la Candelaria nació en un contexto indígena. El resultado es una estampa poderosa: tradición cristiana y memoria guanche conviviendo en un mismo espacio, algo que pocas fiestas españolas conservan con tanta autenticidad.
La peregrinación nocturna: un río de luz hacia la Basílica
La peregrinación nocturna es uno de los momentos más emocionantes de la celebración. Miles de personas caminan en silencio o en pequeños grupos, avanzando por carreteras y senderos que descienden hacia Candelaria. Desde lejos, el camino parece un río de luces que serpentea entre montañas y pueblos.
No es solo un acto religioso. Para muchos, es un gesto de identidad, un reto personal o una tradición familiar que se repite año tras año. Hay quien camina por promesa, quien lo hace por agradecimiento y quien simplemente busca la experiencia de compartir un trayecto que mezcla esfuerzo, calma y comunidad.
La llegada al pueblo tiene algo especial: el cansancio se mezcla con la emoción, y el ambiente se vuelve íntimo y colectivo a la vez. Es uno de esos momentos que explican por qué esta fiesta, aunque sobria, tiene una fuerza que no depende del espectáculo, sino de la vivencia.
Cómo vivir las tradiciones como un local
1. Camina un tramo de la peregrinación, aunque sea corto
No hace falta hacer la ruta completa para sentir el espíritu de la fiesta. Los locales suelen unirse en pequeños tramos: desde Igueste, desde Arafo o incluso desde puntos cercanos al casco urbano. Lo importante no es la distancia, sino el gesto. Caminar un rato en silencio, con el sonido del mar de fondo y las luces avanzando en la noche, te conecta con la esencia de la celebración.
2. Llega a Candelaria con calma y sin prisas
Los canarios no viven esta fiesta con estrés. Llegan cuando pueden, se encuentran con amigos, saludan a conocidos y se dejan llevar por el ambiente. La clave está en no intentar “cubrirlo todo”, sino en disfrutar del ritmo pausado del pueblo, de la plaza y del paseo marítimo.
3. Observa los trajes de pieles con respeto y curiosidad
Cuando veas a grupos con pieles, tambores o elementos pastoriles, míralos como parte de una memoria colectiva que se mantiene viva. Los locales no los ven como un espectáculo, sino como un puente con sus raíces guanches. Si quieres hacer fotos, hazlo con discreción y sin interrumpir su paso.
4. Entra en la Basílica aunque no seas creyente
Los canarios lo hacen casi por costumbre: entrar, observar la imagen, respirar un momento de calma y salir. Es un gesto sencillo que forma parte de la experiencia. La Basílica es un espacio de recogimiento, pero también un símbolo cultural que merece unos minutos de pausa.
5. Disfruta del ambiente en la plaza sin buscar grandes eventos
La Candelaria no es una fiesta de fuegos artificiales ni de conciertos masivos. El encanto está en lo cotidiano: familias descansando tras la caminata, grupos tocando música canaria, puestos de dulces y artesanía, peregrinos reencontrándose. Los locales se mueven por la plaza sin prisa, conversan, observan y se dejan llevar.
6. Prueba algo típico en los puestos o bares cercanos
Un barraquito, una rosquilla, un dulce de gofio o un bocadillo sencillo después de caminar sabe a gloria. Los canarios aprovechan para reponer fuerzas y compartir un rato con amigos o familia. No es gastronomía de alta cocina, pero sí parte del ritual.
7. Respeta el ritmo de la fiesta
Los locales viven la Candelaria con una mezcla de devoción, tradición y naturalidad. No fuerzan la experiencia, no buscan el “momento perfecto” y no corren de un acto a otro. Simplemente están. Esa es la mejor manera de integrarse: dejar que la fiesta te encuentre a ti.
La Fiesta de la Candelaria no necesita grandes espectáculos para dejar huella. Su fuerza está en lo íntimo: en la caminata compartida, en el silencio de la noche, en la mezcla de raíces guanches y devoción popular, en la plaza que se llena de vida sin perder su calma. Quien llega a Candelaria en estos días descubre una celebración que no busca impresionar, sino acompañar.
Aquí no se viene a correr de un acto a otro, sino a dejarse llevar por el ritmo del pueblo, a observar, a escuchar y a formar parte de una tradición que ha unido generaciones. Ya sea caminando un tramo de la peregrinación, entrando unos minutos en la Basílica o simplemente disfrutando del ambiente, la experiencia se vive más con el corazón que con la agenda.
Si buscas una fiesta auténtica, sencilla y profundamente arraigada en la identidad canaria, la Candelaria te espera con esa luz tranquila que da nombre a la celebración. Una luz que no deslumbra, pero que acompaña.
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