Hay palabras que no solo se pronuncian: se sienten. En Galicia, una de ellas es Entroido. Suena a invierno que se resquebraja, a tierra húmeda, a campanas que despiertan algo antiguo. No es un carnaval al uso, ni una fiesta inventada para turistas. Es un ritual que sobrevive, un eco de tiempos en los que los pueblos hablaban con la naturaleza, con los espíritus y con sus propios miedos.
Cuando llega febrero, Galicia cambia de piel. Los caminos se llenan de figuras que parecen salidas de un mito: máscaras animales, trajes imposibles, personajes que corren, gritan, embisten o purifican. No hay escenario ni espectadores: todo el mundo forma parte del rito. El orden cotidiano se suspende y entra en juego un mundo más antiguo, más libre, más salvaje.
El Entroido es la entrada —como su nombre indica— a un tiempo liminal. Un umbral entre lo que se deja atrás y lo que está por venir. Un espacio donde la risa convive con el miedo, donde el barro purifica, donde el ruido espanta lo oscuro y donde cada pueblo guarda un secreto distinto.
Y entre todos esos secretos, hay uno que late con más fuerza: Laza, el Entroido más ancestral, más visceral y más inexplicable de Europa. Pero antes de llegar a él, conviene entender de dónde viene esta palabra que cada febrero despierta a Galicia.
Origen y significado del Entroido
La palabra Entroido viene del latín introitus, que significa “entrada”. Pero en Galicia, esa entrada no es solo un paso al calendario de la Cuaresma: es un umbral simbólico. Un abrir la puerta a un tiempo donde lo cotidiano se suspende y lo ancestral vuelve a tomar las calles.
Durante siglos, el Entroido fue la entrada al desorden ritual, a la risa que desafía al invierno, al ruido que espanta lo oscuro, al barro que purifica y a las máscaras que permiten ser otro —o quizá ser uno mismo sin miedo— por unos días. Antes de que la Iglesia fijara la Cuaresma, ya existían en Europa ritos de invierno que celebraban la fertilidad, la renovación de la tierra y la inversión del orden social. El Entroido gallego es uno de los pocos lugares donde ese espíritu antiguo no se ha diluido.
Por eso, cuando se habla de Entroido, no se habla de un carnaval cualquiera. Se habla de una entrada a un mundo más libre, más salvaje, más simbólico. Una entrada a la memoria colectiva de los pueblos. Una entrada a un tiempo donde la máscara no oculta: revela.
Y es desde ese significado profundo —esa mezcla de paganismo, rito y celebración— desde donde nacen los entroidos más poderosos de Galicia, con Laza como su corazón más antiguo.
El Entroido de Laza: el corazón más antiguo y salvaje del carnaval
Si el Entroido es una puerta a lo ancestral, Laza es el lugar donde esa puerta se abre de par en par. No es un carnaval para mirar desde la distancia: es un territorio donde la tradición sigue viva, donde cada sonido y cada gesto tienen un eco antiguo. Aquí no hay artificio. Aquí el rito manda.
Laza, un pequeño pueblo de Ourense, guarda uno de los carnavales más antiguos de Europa. Su fuerza no está en la espectacularidad moderna, sino en la continuidad: lo que ocurre en sus calles lleva siglos ocurriendo. Y cuando llega febrero, el pueblo entero se transforma en un escenario ritual donde conviven el orden, el caos, la risa, el miedo y la purificación.
Os Peliqueiros: los guardianes del orden antiguo
Los Peliqueiros son la figura más reconocible —y más inquietante— del Entroido de Laza. No anuncian su llegada: irrumpen. Surgen en una esquina, en un callejón, en una cuesta estrecha, y de pronto el aire cambia. Corren sin detenerse, sin mirar atrás, sin pronunciar una sola palabra. Su presencia impone un respeto que no necesita explicación, como si encarnaran una ley más vieja que el propio pueblo.
Sus máscaras de madera, pintadas a mano, parecen observarlo todo desde un tiempo remoto. Los chocos —esos cascabeles enormes que llevan a la cintura— no suenan: dictan un ritmo. Un latido metálico que resuena en el pecho y que anuncia que el orden ritual está en marcha. El traje, bordado con una precisión casi ceremonial, no es un disfraz: es un uniforme de autoridad ancestral.
La actitud del Peliqueiro mezcla elegancia y amenaza, como si caminara entre dos mundos. No se detiene, no negocia, no se desvía. Su misión es mantener el orden antiguo en medio del caos del Entroido, y lo hace con una firmeza que parece heredada, no aprendida.
Hay algo profundamente pagano en ellos. Algo que recuerda a los espíritus guardianes de los bosques, a los mensajeros de los dioses antiguos, a las figuras que protegían a las aldeas cuando la frontera entre lo humano y lo sagrado era más fina. Ver a un Peliqueiro correr por las calles estrechas de Laza es como ver un arquetipo en movimiento: una figura que no pertenece del todo al presente, pero que tampoco ha desaparecido del pasado.
En su carrera hay orden. En su silencio, autoridad. En su máscara, un misterio que no se explica: se acepta.
A Farrapada: la batalla del barro que limpia lo viejo
A Farrapada es uno de esos rituales que, si no sabes lo que estás viendo, te desconcierta. De repente, en una plaza o en un camino, la gente empieza a lanzarse trapos empapados en barro. No hay escenario, no hay normas escritas, no hay un maestro de ceremonias. Solo barro, risas, gritos y un caos que parece infantil… hasta que entiendes lo que representa.
Porque A Farrapada no es un juego: es una purificación.
El barro, en las culturas antiguas, era el origen de todo. De la tierra húmeda nacía la vida, los animales, los cultivos, incluso los propios seres humanos según algunos mitos. Mancharse de barro era volver al principio, desprenderse de lo viejo, igualarse con los demás. En Laza, ese gesto se conserva sin explicaciones, sin adornos, sin necesidad de justificarlo.
Los trapos vuelan como si fueran flechas blandas. Golpean, manchan, sorprenden. Y poco a poco, todos acaban cubiertos de la misma mezcla oscura: vecinos, visitantes, jóvenes, mayores. No hay jerarquías. No hay diferencias. El barro lo iguala todo.
Hay algo profundamente pagano en esta escena. Algo que recuerda a los ritos de paso, a las ceremonias de renovación, a los momentos en los que una comunidad se desprende de lo que ya no sirve para entrar limpia en un nuevo ciclo. A Farrapada es eso: un bautismo de tierra, un recordatorio de que antes de la fiesta, antes del caos, antes de la máscara, hay que volver al origen.
Y cuando termina, cuando el barro se seca en la ropa y en la piel, el pueblo entero parece haber cruzado un umbral invisible. El Entroido ya puede empezar. Lo viejo ha sido arrojado. Lo nuevo está por llegar.
A Morena: el espíritu que desata el caos
A Morena es el ritual que convierte el Entroido de Laza en algo irrepetible. No es un personaje, ni un disfraz, ni una figura folclórica. Es una presencia. Una energía que irrumpe en el pueblo como si despertara de un sueño antiguo, arrastrando consigo un caos que no asusta: libera.
Cuando aparece, el ambiente cambia. La gente se arremolina, los sonidos se vuelven más densos, y una mezcla de expectación y nerviosismo recorre las calles. A Morena avanza con movimientos bruscos, casi animales, como si no perteneciera del todo al mundo humano. Su máscara y su cuerpo cubierto parecen recordar a los espíritus de fertilidad que en las culturas antiguas recorrían los campos para despertar la tierra.
Pero lo más sorprendente no es su figura: es lo que trae consigo. A su alrededor, un grupo de acompañantes reparte hormigas vivas mezcladas con harina. Sí, hormigas. Pequeñas, inquietas, impredecibles. Las lanzan al aire, a la multitud, a la ropa, a la piel. Y de pronto, el pueblo entero entra en un estado de caos festivo, una especie de trance colectivo donde la risa, el sobresalto y la adrenalina se mezclan sin orden aparente.
Este gesto, que puede parecer extraño a ojos modernos, tiene un trasfondo profundo. Las hormigas son símbolo de tierra, trabajo, comunidad y renovación. Son criaturas que viven bajo el suelo, en el corazón de la tierra, y que emergen cuando el invierno empieza a ceder. Mezclarlas con harina —otro símbolo de vida, alimento y ciclo agrícola— convierte el acto en una especie de bendición salvaje, un recordatorio físico de que el Entroido es un rito de contacto con lo primitivo.
A Morena embiste, sorprende, descoloca. No hay forma de anticipar sus movimientos. Y esa imprevisibilidad es parte del rito: representa la irrupción de la naturaleza, del instinto, del desorden necesario para que algo nuevo pueda nacer.
Cuando pasa, cuando el ruido se apaga y la harina se asienta en el aire, queda una sensación difícil de explicar. Como si el pueblo hubiera sido tocado por algo antiguo, algo que no se ve pero que se siente. A Morena no se entiende con la razón: se entiende con el cuerpo.
Os Folións: el latido primitivo que despierta al pueblo
Antes de verlos, se les escucha. Un rumor grave, profundo, que parece subir desde el suelo. Un ritmo que no es música, sino pulso. Así llegan Os Folións, los grupos que recorren Laza golpeando bombos, aperos agrícolas y herramientas de hierro como si estuvieran llamando a algo que duerme bajo la tierra.
El sonido no es casual. No es decorativo. Es ritual.
Cada golpe es una invocación. Cada vibración, un recordatorio de que el Entroido no es una fiesta moderna, sino un eco de los antiguos ritos de invierno, cuando el ruido servía para espantar lo oscuro, para proteger a la comunidad y para anunciar que la vida estaba a punto de renacer.
Los Folións avanzan en grupo, compactos, casi como una sola criatura. Sus pasos marcan el ritmo, sus brazos suben y bajan con una cadencia hipnótica, y el metal contra el metal crea un sonido que no se olvida. No es agradable ni suave: es primitivo, crudo, vibrante. Un sonido que se siente en el pecho más que en los oídos.
Hay algo pagano en ellos, algo que recuerda a los rituales de fuego, a las danzas nocturnas, a los momentos en los que la comunidad se reunía para llamar a la primavera. En Laza, esa memoria no se ha perdido: sigue viva en cada golpe, en cada eco que rebota en las paredes del pueblo.
Os Folións no acompañan al Entroido: lo despiertan. Son su respiración, su ritmo, su columna vertebral. Sin ellos, el caos no tendría orden, y el orden no tendría alma.
Cuando pasan, el aire vibra. Cuando se alejan, dejan un silencio que parece esperar algo. Y cuando vuelven a sonar, sabes que el Entroido sigue latiendo.
Un viaje por los entroidos y carnavales ancestrales del noroeste
| Nombre del Entroido / Carnaval | Lugar | En qué consiste | Personajes o rasgos clave | Fecha aproximada |
|---|---|---|---|---|
| Entroido de Laza | Laza, Ourense (Galicia) | Uno de los carnavales más antiguos de Europa. Días de ritos encadenados: barro, ruido, máscaras, hormigas, carreras y caos ritual. | Peliqueiros, A Farrapada (batalla de barro), A Morena (hormigas y harina), Folións (bombos y herramientas). | Fines de semana previos al Martes de Entroido, con especial intensidad el domingo y lunes. |
| Entroido de Xinzo de Limia | Xinzo de Limia, Ourense (Galicia) | Uno de los entroidos más largos. Varios domingos temáticos, desfiles, harina, disfraces y un ambiente de fiesta continua. | Pantallas, harina, desfiles, Domingo Fareleiro, Oleiro y Corredoiro. | Desde varios domingos antes del Entroido hasta el Martes de Entroido. |
| Entroido de Verín | Verín, Ourense (Galicia) | Carnaval muy popular y festivo, con desfiles, charangas, vino, harina y una fuerte participación de todo el pueblo. | Cigarróns, desfiles, charangas, vino y ambiente de calle. | Semana de Entroido, con especial fuerza el Domingo, Lunes y Martes. |
| Entroido de Viana do Bolo | Viana do Bolo, Ourense (Galicia) | Entroido rural con gran protagonismo de las comparsas y de la comida comunitaria, especialmente la bica y el cabrito. | Boteiros, comparsas, folións y comidas colectivas. | Días previos y Martes de Entroido. |
| Entroido de Manzaneda | Manzaneda, Ourense (Galicia) | Entroido de montaña, con máscaras tradicionales, música y un ambiente muy ligado al paisaje y a la comunidad local. | Máscaras locales, folións y ritos de invierno. | Fin de semana y días centrales de Entroido. |
| Entroido Ribeirao | Chantada, Lugo (Galicia) | Entroido rural muy simbólico, con personajes que recorren aldeas y caminos, manteniendo una tradición casi intacta. | Volantes, maragatos y otras figuras enmascaradas. | Días previos y Martes de Entroido. |
| Entroido de Cobres | Vilaboa, Pontevedra (Galicia) | Entroido elegante y colorido, con trajes muy elaborados y un fuerte componente musical y coreográfico. | Madamas y galáns, trajes bordados, música y danzas. | Fin de semana y Martes de Entroido. |
| Entroido de Vilariño de Conso | Vilariño de Conso, Ourense (Galicia) | Entroido de montaña, muy ligado al fuego, al ruido y a la presencia de figuras enmascaradas que recorren el pueblo. | Máscaras, folións, fuego y ritos nocturnos. | Días centrales de Entroido, especialmente el fin de semana. |
| Antruejo | Distintos pueblos de Zamora y León | Carnaval rural ancestral, con máscaras de madera, figuras animales y escenas teatrales que representan fuerzas del bien y del mal. | Carochos (Riofrío de Aliste), Tafarrón, Vaca Bayona y otras figuras. | Fines de semana y días de carnaval (febrero). |
| Antroxu | Asturias | Mezcla de carnaval urbano y rural. En pueblos, se conservan máscaras, personajes grotescos y ritos de invierno. | Mazcaritos, Güirrios, Sidros y comparsas. | Días de carnaval, con especial fuerza en febrero. |
| Mascaradas de invierno | Cantabria | Ritos invernales con pieles, campanos y figuras liminales que recorren los pueblos para marcar el cambio de ciclo. | Zamarrones, La Vijanera (Silió) y otras mascaradas. | Enero y febrero, según la mascarada. |
| Entrudo | Norte de Portugal | Carnaval rural muy cercano al Entroido gallego, con máscaras de madera, colores intensos y una energía salvaje y festiva. | Caretos de Podence, Lazarim y otras figuras enmascaradas. | Días de carnaval, especialmente en febrero. |
Cuando uno observa la tabla anterior, puede pensar que está ante una simple clasificación de fiestas. Pero no lo está. Lo que aparece ahí es un mapa vivo, un territorio ritual que late cada febrero en Galicia, en el norte de Portugal y en las montañas de León, Zamora, Asturias y Cantabria. Cada uno de esos entroidos no es solo un lugar: es una forma distinta de entender el invierno, la comunidad y el misterio.
En Laza, el Entroido se convierte en un estallido primitivo: Peliqueiros que imponen un orden antiguo, barro que purifica, hormigas que despiertan la tierra y Folións que hacen vibrar el suelo. Es el corazón más salvaje del ciclo.
En Xinzo de Limia, el tiempo se estira. El Entroido dura semanas, como si el pueblo se resistiera a dejar marchar la fiesta. Las Pantallas recorren las calles con su energía eléctrica, y cada domingo tiene un sabor propio: harina, barro, ollas, carreras. Es un carnaval que se vive en capítulos.
En Verín, la fiesta se vuelve más expansiva. Los Cigarróns avanzan con su elegancia feroz, y el pueblo entero se convierte en un escenario de música, vino y desfiles. Aquí el Entroido es una celebración colectiva, luminosa, vibrante.
En Viana do Bolo, el rito se mezcla con la comunidad. Los Boteiros, con sus trajes imposibles y su energía casi acrobática, abren paso a comparsas y folións que recorren el pueblo. Y entre todo ello, la comida compartida —la bica, el cabrito— recuerda que el Entroido también es unión.
En Manzaneda y Vilariño de Conso, el paisaje manda. Son entroidos de montaña, donde el frío, el fuego y el ruido crean una atmósfera más íntima, más nocturna, más ligada a los ritmos de la naturaleza. Aquí las máscaras parecen surgir del bosque.
En Chantada, el Entroido Ribeirao mantiene una pureza casi intacta. Los Volantes y Maragatos recorren aldeas y caminos como si el tiempo no hubiera pasado, llevando consigo un eco de los antiguos ritos de paso.
En Cobres, la tradición se vuelve elegante. Madamas y galáns, con sus trajes bordados y su estética luminosa, ofrecen una versión más delicada del carnaval ancestral, sin perder su raíz ritual.
Más allá de Galicia, el mapa se expande.
En los pueblos de Zamora y León, el Antruejo conserva máscaras de madera, figuras animales y escenas que representan la eterna lucha entre fuerzas opuestas. Es un carnaval oscuro, teatral, profundamente simbólico.
En Asturias, el Antroxu mezcla lo urbano y lo rural. En los pueblos, los Mazcaritos, Güirrios y Sidros mantienen vivo un imaginario que huele a invierno, a humo y a tradición.
En Cantabria, las mascaradas de invierno —como la Vijanera— parecen salidas de un mito. Pieles, campanos, figuras liminales que recorren los pueblos para marcar el cambio de ciclo.
Y al sur del Miño, en el norte de Portugal, el Entrudo estalla con colores intensos y máscaras de madera que parecen tener vida propia. Los Caretos de Podence y las figuras de Lazarim son pura energía salvaje, pura memoria ancestral.
Cada uno de estos carnavales es distinto, pero todos comparten un mismo pulso: el deseo de romper el invierno, de renovar la comunidad, de recordar lo que fuimos antes de que el mundo se volviera moderno.
Son fiestas, sí. Pero también son ritos, ecos, puertas. Y cada febrero, todas ellas se abren a la vez.
Cómo vivir los Entroidos: recomendaciones generales
Vivir un Entroido no es asistir a una fiesta: es entrar en un territorio simbólico. Para disfrutarlo de verdad, conviene ir con la mente abierta y el cuerpo dispuesto. Estas recomendaciones sirven para cualquier entroido del noroeste.
1. Llega temprano y sin prisas
Los entroidos no siguen un horario rígido. Las cosas suceden cuando tienen que suceder. Llegar con tiempo te permite sentir el ambiente, escuchar los primeros bombos, ver cómo el pueblo se transforma.
2. Vístete para la batalla (aunque no lo parezca)
No importa si el entroido es elegante, salvaje o ritual:
-
ropa cómoda
-
calzado resistente
-
prendas que no te importe manchar
-
capas (el clima cambia rápido en febrero)
En algunos entroidos, la harina, el barro o el vino no son accidentes: son parte del rito.
3. Participa: no seas espectador
El Entroido no se mira desde la barrera. Se vive. Se corre. Se ríe. Se mancha. Se mezcla.
Cuanto más te involucres, más auténtica será la experiencia.
4. Respeta a las figuras rituales
Peliqueiros, Cigarróns, Pantallas, Boteiros… No son disfraces: son personajes con función. No se les toca, no se les interrumpe, no se les pide fotos. Ellos marcan el ritmo.
5. Come y bebe como manda la tradición
Cada pueblo tiene su plato:
-
cocido
-
bica
-
orejas
-
filloas
-
vino de la zona
-
licores caseros
El Entroido también se celebra en la mesa.
6. Déjate llevar por el ruido
Bombos, campanos, herramientas agrícolas… El ruido no es ruido: es protección, es invocación, es memoria.
7. Respeta el pueblo
Los entroidos son rituales comunitarios. El visitante es bienvenido, pero debe ser cuidadoso: no bloquear calles, no invadir espacios privados, no forzar situaciones.
Guía práctica para vivir el Entroido de Laza
Laza no es un carnaval: es un umbral. Aquí tienes una guía clara, útil y respetuosa para vivirlo sin perderte nada.
Vista general del Entroido de Laza 2026
Del 12 al 17 de febrero
El Entroido de Laza sigue cada año un esquema ritual muy estable, por lo que es posible ofrecer una visión general sin riesgo de imprecisiones. Aun así, para horarios y actos exactos, siempre se debe consultar la programación oficial del Concello.
Jueves 12 de febrero – Inicio del ambiente
El pueblo empieza a llenarse, las comadres celebran sus reuniones y los primeros Folións pueden dejarse oír. Es un día de calentamiento, de encuentros y de preparación.
Viernes 13 de febrero – Folións y primeras salidas
El ruido grave de los Folións recorre las calles y marca el despertar del Entroido. El ambiente nocturno se intensifica y llegan muchos visitantes.
Sábado 14 de febrero – A Farrapada
Uno de los momentos más esperados: la tradicional batalla de barro. Es el primer gran rito colectivo y marca el inicio real del ciclo festivo. Por la noche, los Folións vuelven a tomar las calles.
Domingo 15 de febrero – A Morena y Peliqueiros
El día más intenso y simbólico del Entroido. Los Peliqueiros recorren el pueblo por la mañana y, a mediodía, aparece A Morena, acompañada del caos festivo que la caracteriza. Es la jornada más conocida y visitada.
Lunes 16 de febrero – Folións y convivencia
Un día de comunidad, ruido y encuentros. Los Folións siguen marcando el ritmo y el pueblo vive una jornada más relajada pero muy participativa.
Martes 17 de febrero – Martes de Entroido
Cierre del ciclo. Los Peliqueiros vuelven a salir, hay actos tradicionales y el pueblo despide el Entroido hasta el año siguiente.
📌 Nota
Para horarios, recorridos y actos oficiales, enlaza directamente a la web del Concello de Laza
Dónde comer durante el Entroido de Laza
Cuando el Entroido de Laza estalla en las calles, el pueblo entero se convierte en un organismo vivo: ruido, barro, harina, máscaras, carreras, fuego. Y en medio de esa intensidad ritual, hay algo que sostiene a todos —vecinos, visitantes, Peliqueiros, Folións y curiosos—: la comida. Comer en Laza durante el Entroido no es un acto práctico, es parte del rito. Es recuperar fuerzas después de A Farrapada, templar el cuerpo tras el caos de A Morena, compartir mesa con desconocidos que ya no lo son, o refugiarse un momento del estruendo para saborear un vino tinto de la zona.
Los bares y restaurantes del pueblo se vuelven puntos de encuentro, pequeñas islas donde el tiempo se ralentiza y la conversación fluye. Algunos son clásicos de siempre, otros son refugios improvisados, y otros aparecen solo en estas fechas, como cocinas comunitarias que huelen a bica recién hecha y a chorizo casero.
Para ayudarte a orientarte entre tanto bullicio, aquí tienes una selección de lugares donde comer y beber durante el Entroido. Cada uno tiene su carácter, su ritmo y su manera de acompañar la fiesta.
| Nombre | Tipo de cocina | Qué esperar | Ideal para | Ubicación aproximada |
|---|---|---|---|---|
| Mesón O Cantón | Cocina tradicional gallega | Platos abundantes, ambiente local y recetas clásicas del invierno gallego. Es uno de los lugares más frecuentados durante el Entroido. | Cocido, carne ao caldeiro, vinos de la zona, comidas contundentes antes o después de los ritos. | Centro de Laza |
| Bar O Peto | Tapas y raciones | Bar de ambiente cercano y muy concurrido durante las fiestas. Ideal para picar algo rápido entre actos del Entroido. | Tapas, vinos, descanso entre Folións y Peliqueiros. | Zona central del pueblo |
| Bar A Picota | Raciones y bocadillos | Espacio sencillo y práctico, perfecto para comer algo sin complicaciones. Muy útil en los días de mayor afluencia. | Bocadillos, raciones rápidas, bebidas. | Cerca de la plaza principal |
| Casa do Seara (alrededores) | Cocina casera gallega | Restaurante rural con platos tradicionales preparados con calma. Ideal si buscas comer bien fuera del bullicio del centro. | Comidas tranquilas, platos caseros, descanso entre jornadas. | A 10–15 minutos de Laza |
| Puestos y cocinas comunitarias | Gastronomía popular | Durante el Entroido, asociaciones y vecinos preparan dulces, chorizos, vino y platos típicos. Es una experiencia auténtica y muy ligada al espíritu del pueblo. | Bica, orejas, filloas, chorizos, vino tinto local. | Calles y plazas de Laza |
Dónde alojarse durante el Entroido de Laza: zonas recomendadas
Encontrar alojamiento para el Entroido de Laza es casi un rito en sí mismo. El pueblo es pequeño, las plazas son pocas y la demanda es enorme. Por eso, más que buscar un lugar concreto, lo importante es elegir la zona adecuada, aquella que te permita vivir la fiesta con comodidad, buen acceso y un ritmo que encaje contigo.
Estas son las áreas más recomendables:
1. El propio pueblo de Laza
La opción más deseada y la más difícil de conseguir. Dormir en Laza significa estar dentro del corazón del rito: escuchar los Folións desde la ventana, sentir el movimiento del pueblo y no depender del coche. Si surge la oportunidad, es un privilegio.
2. Verín (20–25 minutos)
La base más práctica. Buena oferta de alojamientos, servicios, restaurantes y accesos. Perfecto para quienes quieren vivir Laza con intensidad pero descansar en un entorno más amplio y cómodo.
3. Xinzo de Limia (30 minutos)
Otra opción sólida, con buena comunicación y ambiente festivo propio. Ideal si quieres combinar varios entroidos de la comarca.
4. Viana do Bolo (35 minutos)
Más rural, más tranquilo, más montañoso. Perfecto para quienes buscan silencio por la noche y carretera por la mañana.
5. Allariz (45 minutos)
La opción más estética y cuidada. Un pueblo precioso, con alojamientos con encanto y un ambiente más relajado. Ideal para quienes quieren combinar Entroido y escapada.
6. Aldeas y parroquias cercanas
La alternativa más auténtica. Galicia está llena de pequeñas aldeas con casas rurales, paz absoluta y anfitriones que conocen el Entroido desde dentro. Suelen ser la mejor opción cuando todo lo demás está lleno.
7. Zona de A Gudiña y A Mezquita
Más alejadas, pero con buena disponibilidad y carreteras cómodas. Perfectas para quienes priorizan tranquilidad y precio.
🌿 Consejo final
El Entroido de Laza se vive mejor cuando el alojamiento no es un problema. Reserva con mucha antelación, elige una zona que encaje con tu ritmo y recuerda que, en estas fechas, todo el valle vibra, no solo el pueblo.
Cuando el Entroido de Laza termina, el ruido se apaga despacio. Las máscaras descansan, el barro se seca y el valle recupera su silencio. Pero algo queda: el eco de los Folións en el pecho, la imagen de los Peliqueiros cruzando la calle, la harina suspendida en el aire como un recuerdo que no quiere irse.
Porque Laza no es una fiesta: es un rito que te atraviesa. Un ciclo que vuelve cada año y que, de algún modo, también te llama a volver.
Aquí remata o Entroido. Aquí comeza o recordo.
Nota sobre enlaces de afiliados: Algunos de los enlaces incluidos en este artículo pueden ser de afiliados. Esto significa que, si realizas una compra a través de ellos, el proyecto puede recibir una pequeña comisión sin que ello suponga ningún coste adicional para ti. Solo recomendamos servicios y recursos que consideramos útiles para la experiencia del viajero.
Añadir comentario
Comentarios