Viajar a Irlanda con Perro y Niños en Autocaravana: Experiencia Real en el Ferry Bilbao–Rosslare

Publicado el 15 de marzo de 2026, 6:23
Perro y niño en viaje en barco

La historia de cómo una familia, dos niños y un perro  cruzaron el mar para llegar a Irlanda en autocaravana

La idea no llegó como un rayo, sino como una conversación de esas que empiezan sin intención. Una tarde cualquiera, mientras los niños jugaban en el salón y Melo dormía hecho un ovillo en su rincón favorito, alguien dijo: —Este año… ¿y si hacemos algo diferente?

No sabíamos qué significaba “diferente”, pero sí sabíamos lo que no queríamos: hoteles que no aceptan perros, apartamentos donde Melo estaría prohibido en el sofá, playas vetadas, horarios rígidos, maletas entrando y saliendo de habitaciones impersonales. Queríamos un viaje que se adaptara a nosotros, no al revés.

Y entonces surgió la frase que lo cambió todo: —¿Y si nos vamos a Irlanda en autocaravana?

La frase quedó flotando en el aire. Irlanda. Verde. Acantilados. Ovejas. Lluvia. Música. Y, sobre todo, espacio. Espacio para los niños, espacio para Melo, espacio para respirar. La idea empezó a tomar forma con una rapidez sorprendente. No era una locura. Era… posible.

El gran obstáculo: viajar con perro

Golden en un camarote de barco de Brittany Ferries

Cada año repetíamos el mismo ritual, y cada año terminábamos igual: agotados, frustrados y con la sensación de que viajar con perro era casi un acto de resistencia. Empezábamos con ilusión, buscando alojamientos “pet‑friendly”, pero ya sabíamos lo que venía después. Llamadas interminables, correos sin respuesta, condiciones absurdas. Y siempre, siempre, ese momento en el que la voz al otro lado del teléfono decía algo que lo estropeaba todo.

“Sí, aceptamos perros… pero solo de menos de 10 kilos.” “Sí, pero no pueden quedarse solos ni un minuto.” “Sí, pero no pueden entrar en el restaurante.” “Sí, pero no pueden subir a la habitación por el ascensor.” “Sí, pero…”

Ese “pero” era como una puerta que se cerraba en nuestras narices. Y detrás de cada puerta cerrada había un plan que se desmoronaba: una playa prohibida, una ruta vetada, un alojamiento que parecía perfecto hasta que dejaba de serlo. Y mientras tanto, Melo, ajeno a todo, nos miraba con esa calma suya, sin entender por qué su presencia complicaba tanto unas simples vacaciones.

Hasta que un día, casi por casualidad, encontramos una frase que nos hizo detenernos en seco: Camarotes pet‑friendly disponibles en el ferry Bilbao–Rosslare.

La leímos una vez. La leímos otra. Y luego nos miramos, incrédulos.

Porque sabíamos la verdad: esos camarotes son pocos, poquísimos. Se agotan con meses de antelación. Son casi un unicornio viajero. Y no todos los ferrys los tienen. La mayoría de la gente que viaja con perro ni siquiera llega a verlos disponibles. Por eso, cuando vimos que aún quedaban, sentimos una mezcla de emoción y urgencia que nos aceleró el pulso.

No hablaban de jaulas. No hablaban de bodegas. No hablaban de dejar a Melo en un espacio frío y ruidoso durante 30 horas. Hablaban de un camarote. Un camarote donde Melo podía dormir con nosotros, respirar con nosotros, estar con nosotros. Como lo que es: parte de la familia.

Y ahí, en ese instante, lo supimos. No era solo que el viaje fuera posible. Era que, por primera vez, no teníamos que sacrificar nada para que Melo viniera.

No teníamos que dejarlo atrás. No teníamos que separarnos de él. No teníamos que pedir favores, ni buscar residencias, ni sentir culpa. Podía venir. Podía estar. Podía vivir el viaje con nosotros.

Y si Melo venía, entonces sí: el viaje tenía sentido.

La autocaravana: nuestra casa con ruedas

Autocaravana en el puerto de Bilbao

Cuando empezamos a planificar el viaje, nos dimos cuenta de que la autocaravana no era solo un medio de transporte: era la forma más lógica de movernos por Irlanda sin depender de horarios, reservas ni precios disparados. Viajar así nos daba algo que ningún hotel podía ofrecer: libertad total. Libertad para parar donde quisiéramos, cambiar planes sobre la marcha, quedarnos más tiempo en un lugar que nos enamorara o marcharnos si el clima no acompañaba.

Además, el ahorro es real. Con la autocaravana evitamos pagar hoteles, restaurantes diarios, desayunos, parkings y todo ese gasto invisible que se acumula sin darte cuenta. Cocinar algo sencillo, dormir donde te apetece y no tener que entrar y salir de alojamientos cada día hace que el viaje sea más ligero, más flexible y, sobre todo, más nuestro.

Por eso decidimos alquilar una autocaravana en Madrid: para empezar el viaje ya instalados, con nuestras cosas organizadas y sin depender de nada más que de la carretera y las ganas de descubrir Irlanda.

Alquiler de la autocaravana: la opción más cómoda para viajar en familia

Después de comparar precios, logística y disponibilidad, la opción más sensata para un viaje de 10 días con dos niños y un perro es alquilar la autocaravana en Madrid y devolverla en Madrid. Nos permite cargarla con calma, adaptarnos a ella antes de salir hacia Bilbao y evitar trenes, traslados y prisas innecesarias.

En cuanto al tipo de vehículo, la mejor elección para una familia como la nuestra es una autocaravana perfilada. Es la que ofrece más espacio útil y una distribución mucho más cómoda para convivir:

  • Cama trasera fija para los adultos, siempre lista.

  • Literas para los niños, seguras y perfectas para mantener rutinas.

  • Comedor independiente, que no hay que montar ni desmontar.

  • Pasillo central amplio, ideal para que Melo tenga su propio espacio sin estorbar.

Además, es un modelo estable y manejable para las carreteras estrechas de Irlanda, y tiene suficiente almacenamiento para ropa, comida, juguetes y todo lo que necesita una familia viajando durante varios días.

En CamperDays encontramos varias opciones perfiladas con esta distribución, todas con buena disponibilidad y precios razonables para un viaje de 10 días. 

Preparativos para el viaje

Preparativos de viaje

Elegir fechas: Irlanda y los niños mandan

Elegimos finales de junio. Más luz, menos lluvia, temperaturas suaves. Los días largos son un regalo cuando viajas con niños: todo es más fácil cuando no tienes que correr contra el reloj.

Reservar el ferry: el momento en que el viaje se volvió real

Reservamos con meses de antelación. Camarote pet‑friendly, plaza para la autocaravana, fecha de salida. Cuando llegó el correo de confirmación, sentimos que el viaje ya tenía forma. Ya no era una idea. Era un plan.

Preparativos: la vida real antes de la aventura

Los días previos fueron una mezcla de emoción y logística.

Los niños prepararon sus mochilas con una seriedad que nos hizo sonreír: cuentos, muñecos, juegos magnéticos, un dinosaurio que “por si acaso”. Melo observaba todo con esa calma suya, sin saberlo, pero oliendo que algo estaba cambiando.

Llenamos la autocaravana con comida para los primeros días, ropa por capas, chubasqueros, botas de agua, mantas, un botiquín completo y la cama de Melo. Metimos también una cuerda y pinzas para tender ropa dentro. No sabíamos entonces lo útil que sería.

Artículos necesarios para viajar con niños Artículos necesarios para viajar con perro Documentación necesaria para viajar en autocaravana
• Ropa cómoda y de recambio
• Chubasqueros y botas de agua
• Juguetes pequeños y cuentos
• Botiquín básico infantil
• Snacks y bebidas fáciles de llevar
• Sábanas o mantas personales
• Luz nocturna portátil
• Toallitas y gel desinfectante
• Arnés y correa resistente
• Cama o manta con su olor
• Comedero y bebedero plegable
• Pienso suficiente para todo el viaje
• Bolsas higiénicas
• Toalla para secarlo tras lluvia o playa
• Botiquín básico canino
• Juguete o mordedor para momentos de calma
• DNI o pasaporte de todos los viajeros
• Permiso de conducir válido
• Contrato de alquiler de la autocaravana
• Seguro del vehículo y asistencia
• Tarjeta sanitaria europea
• Billetes del ferry y confirmación de camarote
• Documentación del perro (pasaporte, vacunas, antiparasitario)
• Copias digitales de todo en el móvil

El viaje empieza mucho antes de ver el mar


Salimos de Madrid todavía de noche, con ese silencio suave que tienen las mañanas en las que sabes que empieza algo grande. La carretera hacia el norte se hizo ligera, casi como si el propio viaje nos empujara. Cuando llegamos a Bilbao, el puerto de Zierbena tenía ese ambiente especial de los lugares donde todo el mundo está a punto de empezar una aventura: coches, caravanas, idiomas mezclados, gente mirando al horizonte.

Mientras esperábamos para embarcar, estiramos las piernas y dejamos que cada uno se situara. Había nervios, ilusión y esa sensación de “ya estamos aquí”. Cuando llegó nuestro turno, revisaron la documentación con una calma que se agradece: pasaportes, billetes, papeles del perro… todo en orden. Y entonces ocurrió ese momento que no se olvida: ver cómo la autocaravana subía por la rampa del ferry. Desde dentro, parecía que nuestra pequeña casa rodante se metía en un gigante de acero.

El camarote pet‑friendly fue nuestro primer refugio en el mar. Pequeño, sí, pero acogedor. Un espacio donde dejar las mochilas, respirar hondo y asumir que ya no había vuelta atrás. Lo exploramos como quien descubre una cabaña secreta, y en cuanto todos encontramos nuestro rincón, sentimos que habíamos acertado.

Subimos a cubierta justo cuando el barco soltó amarras. El viento olía a sal, el sol empezaba a caer y el ferry vibró suavemente. Ese instante —el barco alejándose del puerto, el horizonte abriéndose— fue el primer momento inolvidable del viaje.

La vida a bordo tuvo su propio ritmo: paseos por cubierta, cafés calientes, siestas improvisadas, conversaciones con otros viajeros y ese vaivén suave que te acompaña sin que te des cuenta. Dormimos todos juntos, con el rumor del mar como fondo.

Al amanecer, solo había agua alrededor. Desayunamos mirando el océano, con esa mezcla de calma y expectación que solo se siente en mitad del mar. Y cuando por fin apareció Irlanda, primero como una línea verde entre la niebla, supimos que estábamos a punto de pisar un lugar que llevábamos mucho tiempo imaginando.

Bajamos del ferry, arrancamos la autocaravana y pusimos las ruedas en Rosslare. Así, sin más, el viaje empezó de verdad.


Recomendaciones útiles para un embarque sin sorpresas


Momento del viaje Recomendaciones reales
Después de reservar el ferry • Guarda billetes y documentación en una carpeta digital.
• Revisa normas del ferry y requisitos del camarote.
• Comprueba la hora límite de llegada al puerto.
La semana previa • Prepara una bolsa de mano para el camarote.
• Revisa documentación y vacunas del perro.
• Planifica la ruta a Bilbao con margen.
Día de salida hacia Bilbao • Sal temprano para evitar prisas.
• Llena el depósito antes de llegar al puerto.
• Ten los documentos a mano.
Llegada al puerto de Zierbena • Sigue las indicaciones del personal del puerto.
• Aprovecha la espera para organizar la bolsa del camarote.
• Ten paciencia: el embarque es lento pero fluido.
Embarque • La rampa impresiona, pero es segura.
• Conduce despacio y sigue las señales del personal.
• Coge todo lo necesario antes de dejar la autocaravana.
En el camarote • Organiza el espacio nada más entrar.
• Descansa del día de viaje.
• Explora el barco para ubicarte.
Durante la travesía • Pasea por cubierta para despejarte.
• Lleva biodramina si eres sensible al movimiento.
• Come ligero y aprovecha para descansar.
Mañana de llegada • Desayuna con tiempo para evitar colas.
• Ten todo recogido antes del aviso de desembarque.
• Baja con calma: el proceso es ordenado.
Desembarco en Rosslare • Sigue la fila de vehículos sin desviarte.
• Revisa pasaportes y documentación del perro.
• Conduce despacio los primeros minutos: el cambio de lado requiere adaptación.

Al terminar este primer tramo del viaje —la salida desde Madrid, el embarque en Bilbao y la llegada a Irlanda— sentimos que habíamos cruzado una puerta. Todo lo que vino después fue descubrir carreteras, acantilados, pueblos pequeños y esa costa oeste que parece hecha para recorrerla despacio. Esa parte del viaje merece su propio espacio, así que la hemos reunido en una guía aparte donde contamos la ruta completa, las paradas que más nos sorprendieron y los lugares que se quedaron con un pedacito de nosotros. Será el siguiente capítulo de esta aventura.

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