En Acehúche, un pequeño pueblo del norte de Cáceres, en pleno corazón de la comarca cacereña de Tajo-Salor, el mes de enero trae consigo un ambiente que se reconoce al instante. Las calles empiezan a llenarse de preparativos silenciosos, los tamborileros afinan sus ritmos y el olor a romero quemado anuncia que se acerca uno de los momentos más esperados del año.
Las Carantoñas no son solo una fiesta: son un ritual que conecta a todo el pueblo con una tradición que ha sobrevivido siglos sin perder su fuerza. El día grande, las carantoñas —figuras cubiertas de pieles, máscaras animales y adornos naturales— recorren las calles acompañando la imagen de San Sebastián. Su presencia impone respeto y curiosidad a partes iguales. No hablan, no corren, no improvisan: siguen un ritual antiguo, lleno de gestos simbólicos que se repiten generación tras generación. La atmósfera se vuelve casi mágica, entre el sonido del tamboril, las salvas de pólvora y el confeti que lanzan las “regaoras”.
Origen de la tradición
El origen de Las Carantoñas se remonta a tiempos anteriores al cristianismo. Se cree que estas figuras representaban a los espíritus o fuerzas de la naturaleza que debían ser apaciguadas durante el invierno. Con la llegada del cristianismo, la tradición se fusionó con la devoción a San Sebastián, dando lugar a la celebración actual.
Las máscaras y pieles no son simples disfraces: simbolizan a las bestias que se someten ante el santo. Por eso las carantoñas nunca le dan la espalda y avanzan siempre con reverencia. Cada máscara es única y suele estar elaborada con materiales naturales como pieles, cuernos, pimientos secos o fibras vegetales, siguiendo técnicas transmitidas dentro de las familias.
Significado para el pueblo
Para Acehúche, Las Carantoñas representan mucho más que una fiesta. Son un símbolo de identidad colectiva, un vínculo con los antepasados y una forma de mantener viva una tradición que define al pueblo. La celebración mezcla respeto, emoción y orgullo, y convierte las calles en un escenario donde lo ancestral y lo religioso conviven de manera armoniosa.
La fiesta también refuerza la unión entre vecinos: cada familia participa de alguna manera, ya sea elaborando máscaras, preparando romero, organizando la mayordomía o acompañando la procesión. Quien presencia Las Carantoñas por primera vez suele quedar impactado por la fuerza visual y emocional del ritual, y quien las vive cada año sabe que es una experiencia que nunca pierde intensidad.
Día grande de Las Carantoñas en Acehúche
El 21 de enero es el día que todo Acehúche espera. Desde primera hora de la mañana, el pueblo se despierta con el sonido de las salvas y el tamboril, y las calles empiezan a llenarse de vecinos y visitantes que buscan un buen lugar para ver de cerca a las carantoñas. No es una fiesta de grandes escenarios ni vallas ni gradas: todo sucede a pie de calle, muy cerca de la gente, en un entorno que sigue siendo profundamente rural y auténtico.
Descripción del recorrido
Las carantoñas salen tradicionalmente desde la casa del mayordomo o mayordomos de ese año, que son las personas o familias encargadas de organizar la fiesta. Allí se visten con las pieles, se colocan las máscaras y terminan de ajustar los detalles de su atuendo. El ambiente en esa zona es de nervios, risas contenidas y mucha complicidad entre quienes participan.
Una vez listas, las carantoñas empiezan a llenar las calles cercanas a la iglesia. Su presencia transforma el paisaje: figuras cubiertas de pieles, con cuernos, colmillos, pimientos secos y adornos colgando, se mueven en silencio, con pasos firmes pero medidos. No se trata de un desfile al uso, sino de un ritual en movimiento.
La procesión de San Sebastián marca el eje del recorrido. La imagen del santo sale de la iglesia parroquial, acompañada por el sacerdote, las autoridades locales, las “regaoras” y el pueblo. Las carantoñas se colocan alrededor, abriendo paso, flanqueando al santo y llenando el espacio de una energía muy particular.
A lo largo del recorrido, las carantoñas realizan un gesto muy característico:
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se acercan al santo,
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se inclinan en señal de respeto,
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y nunca le dan la espalda.
Las calles por las que pasa la procesión se llenan de olor a romero quemado, pólvora y cera. El tamboril y la flauta marcan el ritmo, mientras las “regaoras” lanzan confeti y cantan coplas tradicionales. El recorrido suele ser relativamente corto, pero intenso: se mueve por las calles principales del pueblo, regresando finalmente a la iglesia, donde se cierra la parte más solemne del ritual.
Papel de la Vaca-Tora
Entre todos los personajes de la fiesta, uno de los que más llama la atención es la Vaca-Tora. Se trata de una figura simbólica que mezcla elementos de toro y vaca, y que suele estar representada por una estructura de madera cubierta con tela, cuernos y otros adornos, llevada por una persona que corre y se mueve entre la gente.
La Vaca-Tora aparece en momentos clave del día, normalmente cuando la tensión festiva está en su punto justo. Su función es romper la solemnidad y añadir un toque de juego, susto y diversión. Corre detrás de los más valientes (o de los más despistados), se acerca a los niños que se atreven a provocarla y genera risas, gritos y carreras cortas por las calles.
Aunque pueda parecer caótica, su presencia está integrada en el ritual: representa la fuerza bruta, lo salvaje, lo que se desata pero también se controla. En contraste con las carantoñas, que se mueven con respeto y reverencia hacia el santo, la Vaca-Tora encarna la parte más juguetona y desbordada de la fiesta. Es uno de los momentos que más recuerdan quienes visitan Acehúche por primera vez.
Curiosidades locales
Las máscaras se heredan:
Muchas carantoñas utilizan máscaras y pieles que han pasado de generación en generación dentro de la misma familia. No son simples disfraces, sino piezas cargadas de historia.
No cualquiera puede ser carantoña:
Aunque no hay una norma escrita rígida, suele haber un cierto respeto a la tradición. Ser carantoña implica compromiso, conocimiento del ritual y, en muchos casos, pertenecer a familias que lo han vivido desde siempre.
Las “regaoras” tienen su propio protagonismo:
No solo lanzan confeti; también entonan coplas y rezos que forman parte esencial del ambiente sonoro de la fiesta. Su presencia aporta color, ritmo y un toque de alegría luminosa frente a la imagen más oscura y salvaje de las carantoñas.
El silencio también habla:
Aunque hay música, pólvora y voces, hay momentos en los que el silencio alrededor de las carantoñas y del santo resulta muy elocuente. La gente baja el tono, observa, y se percibe un respeto profundo por lo que está ocurriendo.
La fiesta no es un espectáculo “para turistas”:
Aunque cada vez acude más gente de fuera, la estructura de la fiesta sigue pensada para el pueblo. El visitante se integra, observa y participa, pero la lógica de la celebración sigue siendo interna, comunitaria.
Recomendaciones prácticas para visitantes
Llegar temprano:
Lo ideal es estar en Acehúche a primera hora de la mañana del 21 de enero. Así se puede ver el ambiente previo, la salida de las carantoñas y encontrar un buen lugar en las calles por donde pasa la procesión.
Ropa cómoda y de abrigo:
Enero en el norte de Cáceres puede ser frío y húmedo. Conviene llevar abrigo, calzado cómodo y, si es posible, algo que proteja del humo del romero y la pólvora si se es sensible.
Respetar el recorrido:
No bloquear el paso de las carantoñas ni de la procesión, y evitar ponerse demasiado cerca del santo o de las figuras principales. La fiesta se vive mejor desde un punto de observación respetuoso.
Cuidado con la Vaca-Tora:
Aunque forma parte del juego, conviene estar atento cuando aparece, sobre todo si se va con niños. Es divertido dejarse sorprender, pero siempre con un ojo puesto en por dónde viene.
Aprovechar para hablar con la gente del pueblo:
Acehúche es un lugar donde la conversación sale sola. Preguntar con respeto por la fiesta, las máscaras o la mayordomía suele abrir puertas a anécdotas y explicaciones que no aparecen en ninguna guía.
Planificar el acceso y el aparcamiento:
al ser un pueblo pequeño, en el día grande puede haber cierta concentración de coches. Conviene llegar con tiempo y asumir que parte del recorrido se hará a pie.
Quedarse después de la procesión:
una vez termina la parte más ritual, el ambiente se relaja y es un buen momento para disfrutar del pueblo, de la gastronomía local y de la convivencia en bares y plazas.
Dónde alojarse para vivir Las Carantoñas
Acehúche es un pueblo pequeño y acogedor, perfecto para disfrutar de la fiesta y del ambiente local. Sin embargo, su oferta de alojamiento es limitada, por lo que muchos visitantes optan por dormir en localidades cercanas y desplazarse al pueblo durante los días de celebración.
Entre todas las opciones disponibles, Coria suele ser la elección favorita de quienes visitan Las Carantoñas. Su cercanía —a solo 20 minutos en coche—, junto con su casco histórico, sus servicios y su variedad de alojamientos, la convierten en un punto de partida muy cómodo para disfrutar de la fiesta sin renunciar a una estancia tranquila y bien equipada.
De esta manera, se puede vivir lo mejor de ambos mundos:
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la autenticidad y la tradición de Acehúche durante la fiesta,
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y la comodidad de una ciudad histórica donde descansar, pasear y cenar con calma.
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